/ miércoles 16 de junio de 2021

Contraluz | Nicaragua

Nicaragua se hunde en una crisis institucional en medio de arrestos arbitrarios e ilegales de líderes opositores; de atracos y persecución a medios de comunicación; y de autoritarismo brutal del gobierno del dictador Daniel Ortega, otrora uno de los líderes de la Revolución Sandinista que derrocó -¡quién lo diría!- al dictador Anastasio Somoza Debayle en el ya lejano 1979.

Víctor Hugo Tinoco, ex viceministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua en la década de 1980 y miembro del partido Unión Democrática Renovadora (Unamos), fue arrestado el domingo por la noche en Managua en virtud de la “Ley 1055” utilizada para detener a varios líderes de la oposición antes de las elecciones generales de Nicaragua programado para finales de este año.

La detención de Tinoco elevó a 13 el número de líderes opositores detenidos y acusados de cometer actos “que atentan contra la soberanía nacional”. Cuatro de los 13 detenidos son potenciales candidatos presidenciales.

Tinoco está acusado de cometer “actos que atentan contra la independencia, soberanía, autodeterminación, incitan a injerencias extranjeras en asuntos internos, solicitar intervenciones militares, organizar financiamiento de potencias extranjeras para realizar actos de terrorismo y desestabilización, proponer y gestionar operaciones económicas, comerciales y financieras [y] bloqueos contra el país”, dijo la Policía Nacional.

En tanto, la Unión Europea, la ONU, la OEA, Estados Unidos y la comunidad internacional han condenado la detención de opositores y expresado preocupación por los ataques a la libertad de prensa.

Pero mientras, un juez nicaragüense ha ordenado tres meses de prisión preventiva para otros dos aspirantes a la Presidencia Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, confirmando así la “ruptura del orden democrático”.

Confirma así Daniel Ortega, la bancarrota moral de un revolucionario que en su momento luchó contra otra dictadura en Nicaragua y gozó por ello de enorme simpatía en gran parte del mundo.

Hoy, la Conferencia Episcopal advierte sobre la “violencia institucionalizada” y observadores y expertos consideran que “Daniel Ortega se aferrará al poder mientras esté vivo” pues además tiene el control total del tribunal electoral; con ello conseguirá aislar aún más al país, advierten.

No está de más recordar que entre los fervores adolescentes-juveniles aplaudimos con admiración en agosto de 1978 el preludio del triunfo sandinista sobre la otra dictadura que en aquel entonces asolaba al país centroamericano.

Fue cuando Edén Pastora “Comandante Cero” integrante del Frente Sandinista de Liberación Nacional que derrocaría un año después a Anastasio Somoza adquirió renombre internacional.

Su nombre quedó para siempre asociado a la espectacular toma del Palacio Nacional -en ese entonces sede del parlamento nicaragüense- por parte de un comando que él dirigía, el 22 de agosto de 1978.

Dicho comando, vistiendo uniformes de la Guardia Nacional entró al edificio y secuestró a todos los parlamentarios. La acción forzó la liberación de numerosos presos sandinistas, incluyendo a Tomás Borge, uno de los fundadores del FSLN, y le dio amplia visibilidad internacional a su causa.

Pero como su país, el “Comandante Cero” también pareció dar bandazos en su historia personal.

Luego de triunfo revolucionario, Edén Pastora ocupó varios cargos incluyendo el de vice ministro del Interior, al lado de Borge. Pero descontento con el rumbo del gobierno que se alejaba del proyecto democrático sandinista para encaminarse al “marxismo leninismo” que había declarado Daniel Ortega -que era el presidente de la Junta Nacional de Gobierno-, en 1981 se marchó al exilio para reaparecer un año después al frente de la Alianza Revolucionaria Democrática, ARDE, y combatir a sus antiguos compañeros por la vía de las armas desde la vecina Costa Rica.

ARDE se convertiría en uno de los grupos armados que terminarían integrando la llamada Resistencia Nicaragüense, o "Contra", que intentaba derrocar a los sandinistas con el apoyo de Estados Unidos, presidido por Ronald Reagan quien alentó la disidencia y se embrolló en el caso Irán-Contras para financiar a los rebeldes.

Pero Pastora abandonó el movimiento en 1986, dos años después de haber sobrevivido a un atentado que dejó siete muertos, incluidos tres periodistas, para establecerse en Costa Rica.

Y en 2009 Pastora le dijo a BBC Mundo: “Yo jamás he sido contra. Yo soy sandinista y creo en la revolución”. Para entonces, el antiguo "Comandante Cero" ya había regresado a Nicaragua y hecho las paces con Daniel Ortega a quien defendió en sus últimos años. Pastora falleció el 16 de junio de 2020 luego de estar internado en un hospital de Managua con “problemas respiratorios”.

En 2013 falleció otro personaje de la revolución sandinista: Arturo Cruz Porras quien fue férreo oponente de la dinastía somocista y después del desvío doctrinario y gubernamental sandinista, impulsado por Daniel Ortega.

Arturo Cruz incluso, luego de pertenecer a la Junta de Gobierno sandinista, se postuló como candidato opositor en 1984 cuando advirtió que la Revolución triunfante traicionaba sus principios. Después formó parte del alto mando de la Contrarrevolución respaldada por Estados Unidos de la que se alejó dos años después.

Platiqué con él en Miami en 1988. Se autodefinía como disidente. Honrado, sencillo y elocuente, abrigaba gran esperanza en la corriente de “cristianos por el socialismo” que tenía gran aceptación en Latinoamérica en ese entonces, aunque también aceptaba la preeminencia e influencia de Estados Unidos en el hemisferio. Su afán en ese entonces era que los países de América Latina conocieran el “desvío” de la Revolución Sandinista y el futuro nada halagador para su país tras el rumbo antidemocrático tomado por la dirigencia sandinista.

“No se ven señales de que esté conformándose una sociedad de tipo socialista sino que, más bien, pareciéramos ir hacia un estatismo en el que partido y Estado se confunden (…) Siendo que el partido (FSLN) pertenece a una élite, el sistema está plagado de escapismos en función de los intereses de grupo y personales de los dirigentes, quienes se convierten en virtuales nuevos dueños de Nicaragua”, escribió.

En una entrevista concedida en 2010 Arturo Cruz Porras, padre de Arturo Cruz Sequeira uno de los detenidos por Ortega, explicó que su distanciamiento del Gobierno sandinista se debió “en primer lugar a los fusilamientos, que le llamaban ajusticiamiento; y en segundo lugar a las expropiaciones arbitrarias, que le llamaban recuperación”. “Estaba viendo que ocurría lo mismo que había pasado con Somoza. Es decir, el libertador siguiendo los métodos duros, termina siendo un nuevo dictador”.

Lamentó también antes de morir su pertenencia a la Contra:

“Nosotros, los que somos responsables, de alguna u otra manera, cometimos un crimen. Porque, ¿quiénes eran los que estaban muriendo? Los pobres”, dijo.

Hoy José Daniel Ortega Saavedra, nacido en 1945, es el dictador de Nicaragua; es el presidente y el líder del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Su primer mandato corrió de 1985 a 1990. Perdió en las elecciones de 1996 y 2001, pero retomó el poder en 2007 y desde entonces no lo ha soltado. Su actual mandato, el tercero consecutivo, culmina en 2022.

En tanto Nicaragua vive una crisis institucional, una dictadura real, tan brutal y persecutoria como aquella que el Sandinismo derrocó hace ya 42 años.

Nicaragua se hunde en una crisis institucional en medio de arrestos arbitrarios e ilegales de líderes opositores; de atracos y persecución a medios de comunicación; y de autoritarismo brutal del gobierno del dictador Daniel Ortega, otrora uno de los líderes de la Revolución Sandinista que derrocó -¡quién lo diría!- al dictador Anastasio Somoza Debayle en el ya lejano 1979.

Víctor Hugo Tinoco, ex viceministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua en la década de 1980 y miembro del partido Unión Democrática Renovadora (Unamos), fue arrestado el domingo por la noche en Managua en virtud de la “Ley 1055” utilizada para detener a varios líderes de la oposición antes de las elecciones generales de Nicaragua programado para finales de este año.

La detención de Tinoco elevó a 13 el número de líderes opositores detenidos y acusados de cometer actos “que atentan contra la soberanía nacional”. Cuatro de los 13 detenidos son potenciales candidatos presidenciales.

Tinoco está acusado de cometer “actos que atentan contra la independencia, soberanía, autodeterminación, incitan a injerencias extranjeras en asuntos internos, solicitar intervenciones militares, organizar financiamiento de potencias extranjeras para realizar actos de terrorismo y desestabilización, proponer y gestionar operaciones económicas, comerciales y financieras [y] bloqueos contra el país”, dijo la Policía Nacional.

En tanto, la Unión Europea, la ONU, la OEA, Estados Unidos y la comunidad internacional han condenado la detención de opositores y expresado preocupación por los ataques a la libertad de prensa.

Pero mientras, un juez nicaragüense ha ordenado tres meses de prisión preventiva para otros dos aspirantes a la Presidencia Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, confirmando así la “ruptura del orden democrático”.

Confirma así Daniel Ortega, la bancarrota moral de un revolucionario que en su momento luchó contra otra dictadura en Nicaragua y gozó por ello de enorme simpatía en gran parte del mundo.

Hoy, la Conferencia Episcopal advierte sobre la “violencia institucionalizada” y observadores y expertos consideran que “Daniel Ortega se aferrará al poder mientras esté vivo” pues además tiene el control total del tribunal electoral; con ello conseguirá aislar aún más al país, advierten.

No está de más recordar que entre los fervores adolescentes-juveniles aplaudimos con admiración en agosto de 1978 el preludio del triunfo sandinista sobre la otra dictadura que en aquel entonces asolaba al país centroamericano.

Fue cuando Edén Pastora “Comandante Cero” integrante del Frente Sandinista de Liberación Nacional que derrocaría un año después a Anastasio Somoza adquirió renombre internacional.

Su nombre quedó para siempre asociado a la espectacular toma del Palacio Nacional -en ese entonces sede del parlamento nicaragüense- por parte de un comando que él dirigía, el 22 de agosto de 1978.

Dicho comando, vistiendo uniformes de la Guardia Nacional entró al edificio y secuestró a todos los parlamentarios. La acción forzó la liberación de numerosos presos sandinistas, incluyendo a Tomás Borge, uno de los fundadores del FSLN, y le dio amplia visibilidad internacional a su causa.

Pero como su país, el “Comandante Cero” también pareció dar bandazos en su historia personal.

Luego de triunfo revolucionario, Edén Pastora ocupó varios cargos incluyendo el de vice ministro del Interior, al lado de Borge. Pero descontento con el rumbo del gobierno que se alejaba del proyecto democrático sandinista para encaminarse al “marxismo leninismo” que había declarado Daniel Ortega -que era el presidente de la Junta Nacional de Gobierno-, en 1981 se marchó al exilio para reaparecer un año después al frente de la Alianza Revolucionaria Democrática, ARDE, y combatir a sus antiguos compañeros por la vía de las armas desde la vecina Costa Rica.

ARDE se convertiría en uno de los grupos armados que terminarían integrando la llamada Resistencia Nicaragüense, o "Contra", que intentaba derrocar a los sandinistas con el apoyo de Estados Unidos, presidido por Ronald Reagan quien alentó la disidencia y se embrolló en el caso Irán-Contras para financiar a los rebeldes.

Pero Pastora abandonó el movimiento en 1986, dos años después de haber sobrevivido a un atentado que dejó siete muertos, incluidos tres periodistas, para establecerse en Costa Rica.

Y en 2009 Pastora le dijo a BBC Mundo: “Yo jamás he sido contra. Yo soy sandinista y creo en la revolución”. Para entonces, el antiguo "Comandante Cero" ya había regresado a Nicaragua y hecho las paces con Daniel Ortega a quien defendió en sus últimos años. Pastora falleció el 16 de junio de 2020 luego de estar internado en un hospital de Managua con “problemas respiratorios”.

En 2013 falleció otro personaje de la revolución sandinista: Arturo Cruz Porras quien fue férreo oponente de la dinastía somocista y después del desvío doctrinario y gubernamental sandinista, impulsado por Daniel Ortega.

Arturo Cruz incluso, luego de pertenecer a la Junta de Gobierno sandinista, se postuló como candidato opositor en 1984 cuando advirtió que la Revolución triunfante traicionaba sus principios. Después formó parte del alto mando de la Contrarrevolución respaldada por Estados Unidos de la que se alejó dos años después.

Platiqué con él en Miami en 1988. Se autodefinía como disidente. Honrado, sencillo y elocuente, abrigaba gran esperanza en la corriente de “cristianos por el socialismo” que tenía gran aceptación en Latinoamérica en ese entonces, aunque también aceptaba la preeminencia e influencia de Estados Unidos en el hemisferio. Su afán en ese entonces era que los países de América Latina conocieran el “desvío” de la Revolución Sandinista y el futuro nada halagador para su país tras el rumbo antidemocrático tomado por la dirigencia sandinista.

“No se ven señales de que esté conformándose una sociedad de tipo socialista sino que, más bien, pareciéramos ir hacia un estatismo en el que partido y Estado se confunden (…) Siendo que el partido (FSLN) pertenece a una élite, el sistema está plagado de escapismos en función de los intereses de grupo y personales de los dirigentes, quienes se convierten en virtuales nuevos dueños de Nicaragua”, escribió.

En una entrevista concedida en 2010 Arturo Cruz Porras, padre de Arturo Cruz Sequeira uno de los detenidos por Ortega, explicó que su distanciamiento del Gobierno sandinista se debió “en primer lugar a los fusilamientos, que le llamaban ajusticiamiento; y en segundo lugar a las expropiaciones arbitrarias, que le llamaban recuperación”. “Estaba viendo que ocurría lo mismo que había pasado con Somoza. Es decir, el libertador siguiendo los métodos duros, termina siendo un nuevo dictador”.

Lamentó también antes de morir su pertenencia a la Contra:

“Nosotros, los que somos responsables, de alguna u otra manera, cometimos un crimen. Porque, ¿quiénes eran los que estaban muriendo? Los pobres”, dijo.

Hoy José Daniel Ortega Saavedra, nacido en 1945, es el dictador de Nicaragua; es el presidente y el líder del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Su primer mandato corrió de 1985 a 1990. Perdió en las elecciones de 1996 y 2001, pero retomó el poder en 2007 y desde entonces no lo ha soltado. Su actual mandato, el tercero consecutivo, culmina en 2022.

En tanto Nicaragua vive una crisis institucional, una dictadura real, tan brutal y persecutoria como aquella que el Sandinismo derrocó hace ya 42 años.

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