/ domingo 14 de junio de 2020

Aquí Querétaro

Recordé de pronto a don Armando Presa (creo que la última vez que lo vi fue en “La Finca”, el socorrido restaurante de las cercanías de la caseta de Cuautitlán), con su libro de derecho y sus papeles para ser estudiados; con su admirable tozudez y su semblante tranquilo; con ese espíritu de luchador y ese perfil de hombre inquebrantable.

También vinieron a mi mente otros rostros: El de “Pachín” Niembro recordando aquella aventura iniciada, tantos años atrás, con un equipo de futbol; el de los hermanos Vázquez Mellado, con alguno de ellos entrando a la cancha para hacer patente su disgusto; el de Silvano Téllez, con una venda en la cabeza, rematando frente a una de las porterías del Estadio Municipal y clavando el balón entre las redes; el de Justino González, siempre persistente tras la pelota en esa misma cancha; el de la “Tota” Carbajal, lanzando instrucciones desde la banda; la de aquellos compañeros de los caídos en un lamentable accidente carretero, con el dolor y la desesperanza a cuestas.

A todos los recordé, como si transitaran por una pasarela imaginaria, al ver y escuchar al nuevo propietario de los “Gallos Blancos”, quien leía un comunicado tras sus coloridos lentes. Me pregunté, mientras reconocía la trayectoria de este entrañable equipo de futbol y aseguraba que aún no sabían la plantilla con la que contarían, si habría escuchado hablar, algún día, de todos esos personajes.

Soy un romántico, lo sé. Lo sé tanto como que esto del futbol no es una pasión por los colores, ni una competición deportiva, ni una lucha por alcanzar un campeonato, sino solamente, llanamente, tristemente, un negocio. Sé que un equipo profesional de futbol es un producto en el que se invierte y en el que se gana, o se pierde, como si de la bolsa se tratara, donde Pachín, don Armando, Silvano y la afición, son sólo adornos de un platillo gourmet con otros sabores y consistencias.

Gabriel Solares, el de los lentes de colores y cabeza más visible de los nuevos propietarios de los “Gallos Blancos” (Presidente Corporativo es su nombramiento oficial), es un contador público, especialista del ámbito financiero, que se acercó al futbol a través del famoso Atlante, que tanto se rumora, podría hacerse, más temprano que tarde, con la plaza que hoy ocupa el equipo queretano. Manuel Velarde (Presidente Deportivo) y Greg Taylor, también integrantes distinguidos de la organización compradora del equipo, han sido conocidos representantes de futbolistas (iba a decir tratantes, pero quizá sea un calificativo demasiado crudo), pero, aseguran, hace dos años dejaron de serlo.

Sí, soy un romántico, y quisiera creer que, efectivamente, los “Gallos Blancos” están destinados a estar siempre en Querétaro, que no se transformarán (otra vez, por cierto) en Atlante, que la afición, como dijo el señor Solares, es la verdadera propietaria del equipo, y que se pretende un proyecto deportivo a largo plazo. Quisiera, pero mi romanticismo, por desgracia, no llega tan lejos.

ACOTACIÓN AL MARGEN

Me dicen que “La Bilbaína”, el más tradicional restaurante sanjuanense, el punto de referencia junto al Portal del Diezmo, el lugar de reunión de antaño y de siempre, ha cerrado sus puertas de manera definitiva. Se trata de una tristísima noticia para San Juan del Río y para Querétaro en general.

Recordé de pronto a don Armando Presa (creo que la última vez que lo vi fue en “La Finca”, el socorrido restaurante de las cercanías de la caseta de Cuautitlán), con su libro de derecho y sus papeles para ser estudiados; con su admirable tozudez y su semblante tranquilo; con ese espíritu de luchador y ese perfil de hombre inquebrantable.

También vinieron a mi mente otros rostros: El de “Pachín” Niembro recordando aquella aventura iniciada, tantos años atrás, con un equipo de futbol; el de los hermanos Vázquez Mellado, con alguno de ellos entrando a la cancha para hacer patente su disgusto; el de Silvano Téllez, con una venda en la cabeza, rematando frente a una de las porterías del Estadio Municipal y clavando el balón entre las redes; el de Justino González, siempre persistente tras la pelota en esa misma cancha; el de la “Tota” Carbajal, lanzando instrucciones desde la banda; la de aquellos compañeros de los caídos en un lamentable accidente carretero, con el dolor y la desesperanza a cuestas.

A todos los recordé, como si transitaran por una pasarela imaginaria, al ver y escuchar al nuevo propietario de los “Gallos Blancos”, quien leía un comunicado tras sus coloridos lentes. Me pregunté, mientras reconocía la trayectoria de este entrañable equipo de futbol y aseguraba que aún no sabían la plantilla con la que contarían, si habría escuchado hablar, algún día, de todos esos personajes.

Soy un romántico, lo sé. Lo sé tanto como que esto del futbol no es una pasión por los colores, ni una competición deportiva, ni una lucha por alcanzar un campeonato, sino solamente, llanamente, tristemente, un negocio. Sé que un equipo profesional de futbol es un producto en el que se invierte y en el que se gana, o se pierde, como si de la bolsa se tratara, donde Pachín, don Armando, Silvano y la afición, son sólo adornos de un platillo gourmet con otros sabores y consistencias.

Gabriel Solares, el de los lentes de colores y cabeza más visible de los nuevos propietarios de los “Gallos Blancos” (Presidente Corporativo es su nombramiento oficial), es un contador público, especialista del ámbito financiero, que se acercó al futbol a través del famoso Atlante, que tanto se rumora, podría hacerse, más temprano que tarde, con la plaza que hoy ocupa el equipo queretano. Manuel Velarde (Presidente Deportivo) y Greg Taylor, también integrantes distinguidos de la organización compradora del equipo, han sido conocidos representantes de futbolistas (iba a decir tratantes, pero quizá sea un calificativo demasiado crudo), pero, aseguran, hace dos años dejaron de serlo.

Sí, soy un romántico, y quisiera creer que, efectivamente, los “Gallos Blancos” están destinados a estar siempre en Querétaro, que no se transformarán (otra vez, por cierto) en Atlante, que la afición, como dijo el señor Solares, es la verdadera propietaria del equipo, y que se pretende un proyecto deportivo a largo plazo. Quisiera, pero mi romanticismo, por desgracia, no llega tan lejos.

ACOTACIÓN AL MARGEN

Me dicen que “La Bilbaína”, el más tradicional restaurante sanjuanense, el punto de referencia junto al Portal del Diezmo, el lugar de reunión de antaño y de siempre, ha cerrado sus puertas de manera definitiva. Se trata de una tristísima noticia para San Juan del Río y para Querétaro en general.

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