/ miércoles 22 de mayo de 2019

Sólo para villamelones

Lo bueno y lo malo (hasta ahora) de San Isidro, en cada caso tendrá unas listas tan abundantes o tan escasas como cada espectador quiera, o pueda, verlo. Siendo el toreo un arte donde la subjetividad es requisito fundamental, difícil es poner de acuerdo a todos en algo. Pero para mí, por lo pronto, esto es lo mejor y lo peor que he visto en la edición del 2019 del serial más importante del mundo.

Lo bueno.

Tras lo acontecido en la primera semana del largo periplo isidril, habría que destacar, como se destaca una obra de arte, una verónica, o un portento, de Pablo Aguado, además de los templados muletazos del mismo sevillano por ambos lados, destacando un cambio de mano igualmente portentoso.

Una tanda de verónicas de Luis David Adame al primero de su lote en su única comparecencia madrileña, además, claro está, de una eficaz estocada, ejecutada en la suerte de recibir, o quizá mejor dicho, “al encuentro”.

Un excelente puyazo de Juan Francisco Peña a un toro de La Quinta que fue desde largo al caballo, y también una excelente lidia, acaso no suficientemente valorada, de las infanterías de Javier Cortés, en esa misma fecha y con ese mismo toro, “Fogoso” de nombre.

El burel que le tocó en suerte al mexicano Luis David. De acometida alegre y suficiente humillación, “Enviado”, que así se llamaba el toro de Montalvo que fue aplaudido en el arrastre, será seguramente uno de los mejores toros del serial.

Otro toro a destacar, sin duda, fue “Pijotero”, de Fuente Ymbro, que fue aplaudido también en el arrastre y que le correspondió en suerte a Miguel Ángel Perera en un festejo donde lucieron los letreros de “no hay billetes”.

La impresionante labor de don Florentino Fernández Castillo, el popular “Florito”, y sus cabestros, que retiran con eficacia y prontitud los toros devueltos, seguramente con demasiada asiduidad, de Madrid.

Lo malo.

Y si Aguado ha realizado lo mejor de la feria hasta ahora, también hay que decir que ha estructurado algo de lo peor: la desastrosa forma de matar, que fue opacada por la impresionante labor que ha hecho con la muleta y el capote.

Y también el mediano de los Adame creo que realizó algo de lo peor, al desperdiciar, siempre desde mi muy particular punto de vista, el toro de la corrida, y quizá de la feria, poniéndose de rodillas y pretendiendo que Madrid se asemejara a cualquiera de las plazas donde, por una labor similar, le hubiesen entregado las orejas. Aquí le escamoteó la autoridad una oreja que las mayorías pidieron con evidencia.

La malísima decisión de Presidente Gonzalo de Villa, quien otorgó un inmerecido premio de dos orejas a Miguel Ángel Perera, lo que le valió al diestro una de las salidas a hombros más desangeladas en décadas, y al propio funcionario un abucheo generalizado cuando regresó al biombo, apenas en la corrida del martes. En este último festejo lo recibieron también con mantas que pedían quedara fuera de su responsabilidad como máxima autoridad de la plaza.

La grisácea labor de Joselito Adame en su única comparecencia madrileña. El hidrocálido escuchó los mayores pitos de la feria hasta ahora, tras su labor ante los toros de El Tajo y la Reina que se lidiaron durante la cuarta corrida.

Lo bueno y lo malo (hasta ahora) de San Isidro, en cada caso tendrá unas listas tan abundantes o tan escasas como cada espectador quiera, o pueda, verlo. Siendo el toreo un arte donde la subjetividad es requisito fundamental, difícil es poner de acuerdo a todos en algo. Pero para mí, por lo pronto, esto es lo mejor y lo peor que he visto en la edición del 2019 del serial más importante del mundo.

Lo bueno.

Tras lo acontecido en la primera semana del largo periplo isidril, habría que destacar, como se destaca una obra de arte, una verónica, o un portento, de Pablo Aguado, además de los templados muletazos del mismo sevillano por ambos lados, destacando un cambio de mano igualmente portentoso.

Una tanda de verónicas de Luis David Adame al primero de su lote en su única comparecencia madrileña, además, claro está, de una eficaz estocada, ejecutada en la suerte de recibir, o quizá mejor dicho, “al encuentro”.

Un excelente puyazo de Juan Francisco Peña a un toro de La Quinta que fue desde largo al caballo, y también una excelente lidia, acaso no suficientemente valorada, de las infanterías de Javier Cortés, en esa misma fecha y con ese mismo toro, “Fogoso” de nombre.

El burel que le tocó en suerte al mexicano Luis David. De acometida alegre y suficiente humillación, “Enviado”, que así se llamaba el toro de Montalvo que fue aplaudido en el arrastre, será seguramente uno de los mejores toros del serial.

Otro toro a destacar, sin duda, fue “Pijotero”, de Fuente Ymbro, que fue aplaudido también en el arrastre y que le correspondió en suerte a Miguel Ángel Perera en un festejo donde lucieron los letreros de “no hay billetes”.

La impresionante labor de don Florentino Fernández Castillo, el popular “Florito”, y sus cabestros, que retiran con eficacia y prontitud los toros devueltos, seguramente con demasiada asiduidad, de Madrid.

Lo malo.

Y si Aguado ha realizado lo mejor de la feria hasta ahora, también hay que decir que ha estructurado algo de lo peor: la desastrosa forma de matar, que fue opacada por la impresionante labor que ha hecho con la muleta y el capote.

Y también el mediano de los Adame creo que realizó algo de lo peor, al desperdiciar, siempre desde mi muy particular punto de vista, el toro de la corrida, y quizá de la feria, poniéndose de rodillas y pretendiendo que Madrid se asemejara a cualquiera de las plazas donde, por una labor similar, le hubiesen entregado las orejas. Aquí le escamoteó la autoridad una oreja que las mayorías pidieron con evidencia.

La malísima decisión de Presidente Gonzalo de Villa, quien otorgó un inmerecido premio de dos orejas a Miguel Ángel Perera, lo que le valió al diestro una de las salidas a hombros más desangeladas en décadas, y al propio funcionario un abucheo generalizado cuando regresó al biombo, apenas en la corrida del martes. En este último festejo lo recibieron también con mantas que pedían quedara fuera de su responsabilidad como máxima autoridad de la plaza.

La grisácea labor de Joselito Adame en su única comparecencia madrileña. El hidrocálido escuchó los mayores pitos de la feria hasta ahora, tras su labor ante los toros de El Tajo y la Reina que se lidiaron durante la cuarta corrida.

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