/ miércoles 14 de agosto de 2019

Sólo para villamelones

Esta 2019 no ha sido, precisamente, la mejor temporada europea para los toreros mexicanos. Tan sólo algunos novilleros, entre los que destaca Diego San Román, han sido acartelados en diversos festejos, y Luis David Adame ha encontrado recovecos en algunas de las importantes ferias españolas, en algún caso aprovechando la substitución de compañeros heridos. Ni siquiera Joselito, su hermano mayor y mayor exponente del toreo mexicano por aquellos lares, ha contado con suerte, y ha tenido, incluso, que concluir, de manera inesperada y temprana, su temporada más allá del Atlántico.

Es algo que, por desgracia, se veía venir con la nueva empresa que administra la plaza de Las Ventas madrileña, el más importante de los cosos españoles y puerta de arranque, no siempre certera, del resto del periplo europeo. Los tiempos en que otros empresarios volteaban el rostro hacia tierras aztecas y contrataban a algunos de los más importantes toreros mexicanos, aunque fuese una sola tarde en Madrid, han tristemente concluido.

Toreros en un muy buen momento para España, como Octavio García, “El Payo”, o Sergio Flores, por dar dos ejemplos concretos, no encontraron este año, ni el anterior, una mano franca para apoyar su paso por Europa.

La semana anterior se dieron a conocer los carteles para la Feria de Salamanca y ningún matador de toros mexicano aparece en ellos. Sí lo hacen, por el contrario, dos novilleros de estas tierras, que alternarán en una sola tarde y con uno de los punteros de la novillería española: Manuel Diosleguarde. Se trata, claro está, de Diego San Román y Miguel Aguilar.

Digamos que es algo previsible y común en este año: la ausencia de mexicanos en las ferias taurinas españolas.

Lo que llama la atención es que la empresa de Salamanca tiene una particularidad que la distingue: Además de los empresarios Pablo y Oscar Chopera, administra la plaza de esa localidad, famosa por su Universidad, el también ganadero mexicano Alberto Bailleres González.

Es decir, en pocas palabras, que ni los mexicanos, o este mexicano en particular, han apostado por los toreros connacionales, lo que remarca lacerantemente las ya de por sí desiguales oportunidades que suelen brindarse a nuestros compatriotas en aquel escaparate del toreo.

No deja de dar tristeza. No deja de preocupar. No deja, incluso, de ofender un poco.

Esta 2019 no ha sido, precisamente, la mejor temporada europea para los toreros mexicanos. Tan sólo algunos novilleros, entre los que destaca Diego San Román, han sido acartelados en diversos festejos, y Luis David Adame ha encontrado recovecos en algunas de las importantes ferias españolas, en algún caso aprovechando la substitución de compañeros heridos. Ni siquiera Joselito, su hermano mayor y mayor exponente del toreo mexicano por aquellos lares, ha contado con suerte, y ha tenido, incluso, que concluir, de manera inesperada y temprana, su temporada más allá del Atlántico.

Es algo que, por desgracia, se veía venir con la nueva empresa que administra la plaza de Las Ventas madrileña, el más importante de los cosos españoles y puerta de arranque, no siempre certera, del resto del periplo europeo. Los tiempos en que otros empresarios volteaban el rostro hacia tierras aztecas y contrataban a algunos de los más importantes toreros mexicanos, aunque fuese una sola tarde en Madrid, han tristemente concluido.

Toreros en un muy buen momento para España, como Octavio García, “El Payo”, o Sergio Flores, por dar dos ejemplos concretos, no encontraron este año, ni el anterior, una mano franca para apoyar su paso por Europa.

La semana anterior se dieron a conocer los carteles para la Feria de Salamanca y ningún matador de toros mexicano aparece en ellos. Sí lo hacen, por el contrario, dos novilleros de estas tierras, que alternarán en una sola tarde y con uno de los punteros de la novillería española: Manuel Diosleguarde. Se trata, claro está, de Diego San Román y Miguel Aguilar.

Digamos que es algo previsible y común en este año: la ausencia de mexicanos en las ferias taurinas españolas.

Lo que llama la atención es que la empresa de Salamanca tiene una particularidad que la distingue: Además de los empresarios Pablo y Oscar Chopera, administra la plaza de esa localidad, famosa por su Universidad, el también ganadero mexicano Alberto Bailleres González.

Es decir, en pocas palabras, que ni los mexicanos, o este mexicano en particular, han apostado por los toreros connacionales, lo que remarca lacerantemente las ya de por sí desiguales oportunidades que suelen brindarse a nuestros compatriotas en aquel escaparate del toreo.

No deja de dar tristeza. No deja de preocupar. No deja, incluso, de ofender un poco.

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